VIAJAR EN AUTOBÚS

 

El brillo de un recuerdo despierta en la sala oscura
de un teatro donde lloran lastimeras
las cuerdas de un violín de agua y barro.
Más allá de las ruidosas olas,
junto al inmenso océano de hoy,
junto a la pajiza textura del campo
que rompe, polvo de oro sobre los rastrojos,
contra el final de la tarde
cubriendo de azul ceniciento un horizonte de fresa,
más allá, estáis vosotros,
ecos de voces, susurros, nanas de invierno.

Viajo en autobús,
leo al poeta Jaime Sabines
miro los ojos dormidos de una mujer,
el color de la mañana,
los hilachos blancos sobre las montañas.

San José-David (Panamá), 11/08/02

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POR LA MAÑANA

 

Quiebra el silencio un estrépito de pájaros,
el rebullir de un jilguero enjaulado.
Hace frío.
Júpiter, gordo, amarillo,
plantado en el centro de la ventana
preside la noche.
Lejos, como una constelación
flotando sobre una gran mancha negra,
titilan las luces de un pueblo.

Mi cuerpo, violentado por la madugada,
anclado esta mañana,
en la cadencia de mi respiración,
busca al dios de todo esto,
al dios del alba,
del calor,
del frío,
al dios de las penas profundas
al dios de la muerte contundente,
al contumaz señor de las guerras,
al benévolo, en fin, hacedor de la tierra,
de mis penas.

La tierra despierta,
asoma la delgada línea del alba,
el firmamento se muda
la hora violeta dibuja olmos oscuros
sobre el lienzo de la mañana.